POSTEO 1
EN LA CIUDAD DE LAS PUERTAS IMAGINARIAS
En Wikipedia y otros portales de Internet se dice de Valparaíso que tiene 300 mil habitantes, que es sede del Congreso, que fuè el puerto de Santiago desde 1536 y el màs importante del Pacìfico Sur hasta la apertura del Canal de Pánama, que tiene forma de herradura, que componen a la ciudad un total de 45 cerros, que la ciudad fuè declarada patrimonio de la humanidad en el año 2003 por la Unesco y que es zona de tsunamis (chan!). Lo que no dicen los portales es que por cada cerro hay una puerta imaginaria que lo separa del resto de la ciudad, y que con solo doblar la esquina o caminar 20 metros el sonido y el paisaje cambian completamente.
Pero empecemos por el principio. Hacía tiempo que quería conocer Valparaíso, y no solo porque las personas que màs me conocen me dijeron que esa ciudad me iba a encantar, sino tambièn porque me resultaba increìble la idea de una ciudad que jugara con las alturas y los colores. Por lo tanto cuando Chile se convirtiò en un destino certero, Valparaíso comenzò a estar mas presente en mi vida.
Debo confesar que mi primera impresión no fue buena. Para trasladarme de la terminal de ómnibus hasta el hostel tenía que tomar un colectivo que atravesaba la ciudad por el Plan ( así se le llama al centro y la parte plana), y la vista no fué muy agradable, ¿ Dónde estaban las casas de colores colgando de los cerros? ¿ Por qué había tanto tránsito y ruido? Cuando llegué a destino no mejoró mi impresión, el cerro o barrio donde me iba a quedar se llamaba Playa Ancha y era muy tranquilo en verano, ya que es zona de universidades y su movimiento se hace notar al comienzo de las clases con la llegada de los estudiantes. En el hostel me recibieron Camila y Fabiàn que en menos de diez minutos me dieron una clase express para el turista primerizo de la ciudad portuaria. Por supuesto no entendí nada y durante los días sucesivos tuve que volver a pedir indicaciones. Lo siguiente fuè instalarme en la pieza, salir al patio a fumar un cigarrillo y finalmente me dispuse a bajar al centro, al cual no llegué. En cambio me quede un rato en la playa San Mateo meditando acerca de qué carajo estaba haciendo en esa ciudad que hasta ahora no me habìa mostrado nada de su supuesta belleza, y cual serìa mi pròximo destino. Me imaginaba a mi misma sola y deprimida como estaba en ese momento, durante el resto del viaje. Esa tarde, cuando volví al hostel, le escribì a mi familia y amigos lo siguiente:
"Estoy en valpo y sufriendo del juanete...mala combinación. Siempre parece que cuando llego a un lugar nuevo me veo tan abrumada que ese día estoy medio bajón. Luego, al día siguiente, tomo a la ciudad por asalto y me adueño de ella. Sè que aquì, en Valparaìso, tambièn serà asì.
Quizàs lo màs dificil es aceptar que cada viaje es distinto, y que es una muerte mìnima entender que no todas las primeras veces seràn como Montevideo.
Estoy reflexiva, pero ¡no teman! Reflexiòn no necesariamente es depresiòn.
¡Saludos camaradas!"
Como soy bastante terca, insistì en hacerme amigos de viaje y conocer la ciudad. Planee un "anti tour" al dìa siguiente con un grupo llamado Ecomapu que te llevaba a conocer lugares poco turìsticos, es decir la verdadera ciudad y no solamente el cerro Bellavista y cerro Alegre, que son tan mentirosos como ir a caminito y pensar que esas dos cuadras son la Boca.
En Valparaìso pensaba quedarme dos dìas y terminè quedandome seis. Y las razones con las siguientes: Camila, Fabiàn, Jano, Ana Paula, Amilcar, Daian, Eduardo, Caleta Portales, la Sebastiana, cerro Cordillera, Playa Ancha, Alegre, Bellavista, barrio portuario, noche de los museos, museo de Bellas Artes, de Ciencias Naturales, museo a cielo abierto bajando desde la Sebastiana, calle de bares para "carretear", noche de picada en el hostel, noche de cervezas en el hostel, funiculares o ascensores al aire libre sobre los cerros, escaleras largas e irregulares, Paseo 21 de Mayo, visita a Isla Negra con Ana Paula, frío por la mañana, calor al mediodía, tres marcas distintas en los hombros por el sol, risa, risa, risa y tantos otros detalles que hacen a un viaje. Veràn, con Chile y Valparaìso particularmente me di cuenta que lo mejor de los viajes son las personas que uno conoce en el recorrido. Por supuesto que los paisajes valen cada segundo invertido, pero cuando viajas sola y no podes compartir completamente con tu gente lo que estas viendo, lo que estas experimentando, es bueno hacerse de amigos circunstanciales.
A estas alturas está de más aclarar que de valpo me enamoré y que es solo cuestión de tiempo para que vuelva. Me gustan las ciudades reales, pero con algo de magia en su cotidianeidad, como las puertas imaginarias que contienen a esta ciudad y sus cerros. Que al abrirse descubre un nuevo espacio, otro sonido, otra imágen, distinto al que transitaba segundos antes. Y eso es Valparaìso, y en algùn punto tambièn lo es Chile. Y depende de sacarse los prejuicios para poder verlo.
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