presentación del disco "la promesa de Thamar"
FUERON TESTIGOS TUS OJOS, MIS OJOS
Si debo confesar mis primeras experiencias con el género, realmente comencé a prestarle atención hace algunos años. Mas que nada por amigos, personas muy cercanas que me lo sugerían; pero no llegaba a acercarme a algo que me movilice, más allá de reconocer muchos clásicos del reggae como grandes obras de la música. De algún lado salio esa insistencia, de esa persona que te muestra, que te lleva a querer oír eso que te dice que escuches, y como quien estudia una obra de arte una y otra vez, da detalles para que el interlocutor quede seducido, interpelado, sin otro desenlace que averiguar de que se trata.
Casi empujada por la intriga, por las incertidumbres de los comentarios que me hacían sobre la banda; por aquello que resaltaban varias personas que no lograba captar o que no lograba convencerme. La cercanía en la cotidianidad me llevo a sacar la entrada de un recital. Y de la nada ahí me ví, en el Galpón de la Música en Rosario. Esperando para ver a Sig Ragga; en la presentación de su disco "La promesa de Thamar".
Los pies firmes en el suelo, sintiendo el cemento del galpón, prestando atención a cada detalle. Peco de observadora desde hace muchos años, cuando aquel que me dictó el curso de fotografía me afinó la mirada, mas allá de eso que se ve a primera vista, más allá en las curvas, en las sombras y las luces. Quizás eso se exacerbó, y cada experiencia se amplia hacia todos los sentidos. Como un sinfín de situaciones que pasan a mi alrededor, me veo de frente al escenario.
Todos esperando, expectantes, con ansias. Se repetía el miedo. Bajan las luces, claramente la banda salía la escenario. De repente esa oscuridad, y el silencio de la multitud se vio invadido de luces, sonidos, vestuarios. Vibraciones que no se logran descifrar, como si pudieran atravesar a cualquier persona. Los Sig Ragga deslumbran en el escenario, y la exactitud del equilibrio del sonido, combinada con el vestuario que sorprende, más los movimientos del cantante que emulan lo teatral; hacen de su show algo nunca antes visto.
De allí en adelante la mezcla de estilos y la desaparición del reggae, sumado al modo en que salen a escena, hizo que comprendiera mucho de lo que no entendía o no quería entender. Sin poder evitar pensar en lo contemporáneo del show como obra, y a su vez su música, como piezas individuales que corresponden a lo mismo. Fusionan todas las disciplinas y se ven las influencias de varias de ellas en sus composiciones y la elección de la presentación en el escenario.
Pensando en el recorrido del disco, y eso que oía que me resultaba extraño, encontré que mucho tenía que ver con que eran cosas que ya conocía, influencias claras de otros artistas, que no solo venían de ese género musical. Spinetta en las letras, lo extraño de las estructuras de los textos. Frank Zappa que enamora, pero que no escapa también al rock de Yes. Y de algún modo estas ocho canciones nuevas, son muy distintas a las demás que había oído. Es un disco que se encuentra muy lejos del reggae, en lo estrictamente parecido del género, pero que ha logrado mostrar su lado más emocional. Presenta silencios que una no espera y cambios de intensidades que ya los caracterizan.
Entre la primer canción del disco, "Antonia", que se asemeja a un himno al nacimiento y a la muerte, se notan los punteos de la guitarra por sobre todo lo demás, hasta llegar a un final que emociona; y la canción que le sigue, "La Promesa", que entre los temas de la banda, creo que es de los mejores que he escuchado. Se nota claramente el dolor, la soledad, la inmensidad, los coros de Tavo Cortes, hacen que se sienta dulce. A mi entender, el disco todo el tiempo juega con esa dicotomía, las melodías son increíblemente activas, y a veces sin ser concientes nos encontramos cantando letras que no condicen con lo que la melodía transmite, pero que como un todo funciona perfectamente.
"Ángeles y Serafines", nadando en la ciudad, doblando sus medias, tema que elige la banda para difusión de lo nuevo. Como si alguien contara un cuento, con este tema se experimentan diferentes estados de ánimos, se ve la infancia en la calle, la angustia, le sigue la bronca y llega al deseo de mirar al costado, de cambiar esas vidas, de que eso no suceda. Esta canción fue nominada recientemente a los Latin Grammy 2017 en la categoría Canción de Rock Alternativa.
Y así como quien no quiere aceptar fascinación nueva por una banda, su debilidad ante las composiciones, me encuentro día a día oyendo y descubriendo detalles nuevos en las canciones, y admirando lo interdisciplinario del arte de Sig Ragga. Entendiendo al arte como un todo, como aquello que transforma la vida de los demás.


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